
El conjunto que a día de hoy se puede ver está formado por un aljibe de pequeñas dimensiones y un canal formado por perpiaño granítico. El agua del manantial es de tipo sulfurosa y ferruginosa. Debajo de las aguas del río Miño existen dos piscinas termales con agua a 50 grados y cinco pozas auxiliares, algunas enteras y otras deterioradas, además de los canales de las augas.
Su origen está datado en la época romana y aparece referenciado en la obra de Nicolás Taboada Leal, Hidrología Médica de Galicia en 1877.
«Cruza por el extremo septentrional el río Miño [...] cerca de las ruinas del indicado puente, y en un peñascal, brotan algunos manantiales de aguas minerales que recogidas en dos malos pilones, sirven para baños, así como la de otros manantiales inmediatos se emplean en forma de bebida, y así es que para uno y otro uso concurren anualmente unas 600 personas de los distritos más próximos. El agua de todos estos manantiales es incolora, clara y transparente, y parece que tiene algún olor a huevos podridos y sabor azufroso es termal en todos ellos, y en alguno tan elevada la temperatura, que se hace preciso mezclarle alguna agua del río para poder tomarla a un grado conveniente. No se sabe desde cuándo data su descubrimiento y uso, por los naturales del país aseguran que es de tiempo inmemorial.»
Recientemente se han mejorado los accesos con la limpieza del entorno y la colocación de una pasarela de madera que facilita la conexión desde el camino tanto a las termas como al río Miño.