
Al pasar este molino restaurado -un acueducto en miniatura- darás un salto en el tiempo para conocer la herencia celta: el juego de bolos. En este circo en el que imaginamos la aldea de Astérix se juntaban desde hace siglos y siglos los vecinos para competir en esta disciplina autóctona.
Este es un deporte de fuerza (los bolos se parten con cierta frecuencia y precisan reposición constantemente), pues no basta con derribar los bolos si no que puntúan aquellos que salen rebotados más allá de una línea perimetral de 21 metros, como las bolas de beisbol que salen del campo de juego. Los que pasen la línea externa puntúan con un 10 y los derribados que no alcanzan a superar la barrera apenas cuentan un punto. Caminante, el sendero continúa por encima de la capilla de San Roque, en donde encontrarás varios molinos fluviales.