
El cementerio de Canido es uno de los camposantos civiles más antiguos del estado. Fue construido en 1775, en un lugar abierto, ventilado y alejado del centro de población, tal como recogían los ideales higienistas promovidos por la Ilustración.
La obra, presupuestada en 3.300 reales, tenía forma de trapecio irregular, con un osario en un ángulo y una sola puerta de acceso orientada al norte.
En sus inicios, tuvo escasa aceptación entre la población local, que prefirió continuar con la tradición de enterrar en las iglesias. Sin embargo, el impulso de Canido comenzó en 1804, cuando pasó a ser de uso obligatorio al entrar en vigor la prohibición de Carlos III de enterrar en los templos. Al año siguiente se construyó en el recinto una pequeña capilla con planos del arquitecto municipal Miguel Ángel Uría y las ampliaciones del espacio continuaron a lo largo del siglo XIX y principios del XX.
Canido estuvo en funcionamiento hasta 1945, cuando se inauguró el nuevo cementerio municipal de Catabois. Posteriormente, en su solar se construyó un colegio y actualmente se localiza allí el IES de Canido.
Del antiguo cementerio aún se conservan la capilla y parte de los muros exteriores donde una placa recuerda su uso como paredón de fusilamiento durante la Guerra Civil.