
El faro primitivo tenía una torre de cantería que alumbraba a 7 m del suelo y a 64 m del mar. Lució por primera vez el 10 de julio de 1854 y nunca ocultó sus inconvenientes. El escaso de su altura no resolvía el saliente del cabo y producía una zona ciega de 34 grados sobre los bajos, que la dinamita logró reducir hasta los 21. La comisión de faros inició el proyecto de construir un nuevo faro en 1860, pero la iniciativa no comenzó a tomar cuerpo hasta años más tarde con el naufragio de un buque escuela inglés con el resultado de 172 muertos.
La resonancia internacional alcanzada por el naufragio del Serpent, el 8 de noviembre de 1890, llamó la atención sobre la escasa luz del faro de cabo Villano. En consecuencia, en 1891 se aprobó un presupuesto de 158.500 pesetas para la dotación de un faro de primer orden, con piedra de la cantera de una piedra Mayor, ese granito rosado característico de las peñas de Traba.