
Carballo no llegaría a ser el pueblo que es si no fuese por el descubrimiento, en el siglo XVIII, de un manantial de aguas termales. Aún hoy en día este es el único balneario minero-medicinal de la Costa da Morte.
El descubrimiento le dio un futuro a Carballo, y también un pasado. Le dio un futuro, porque lo que hasta entonces era sólo una aldea comenzaría a crecer hasta convertirse en núcleo urbano y capital de la comarca. Y le descubrió un pasado, porque excavaciones realizadas en la época destaparon restos de un balneario anterior tal vez de la época romana.
Carballo, al igual que otros importantes pueblos termales, como Caldas, está al lado de la Depresión Meridiana, sucesión de fallas que cruza Galicia de Norte a Sur.
Estas aguas emergen a 42 grados centígrados y cuentan con un alto contenido en azufre, sodio y bicarbonato. Se recomiendan para problemas de huesos, pero también para afecciones respiratorias, digestivas y del sistema nervioso y circulatorio.