En un plano o una vista aérea de Ibos, se aprecia la disposición de las casas, alineadas en círculo alrededor de la colegiata y su cementerio ovalado, lo que indica la existencia de un antiguo recinto eclesiástico. Los recintos eclesiásticos surgieron en los siglos XI y XII, en aquellos lugares donde la población rural y sus bienes (rebaños, etc.) no podían ser protegidos por el conde de Bigorre ni por sus vasallos. Estos recintos, que también albergan el cementerio, se basan en el movimiento de la Paz de Dios, que sacraliza el espacio en torno a las iglesias al prohibir la entrada a hombres armados. En Saint-Laurent d’Ibos, el cementerio tiene un radio de unos cuarenta metros alrededor de la colegiata. Debe corresponder a una primera fase del recinto eclesiástico, ampliado posteriormente. Las calles que actualmente rodean el emplazamiento eran en origen fosos (con un pozo de filtración que recuperaba parte de las aguas) que no se rellenaron hasta el siglo XIX. Aquí, un caso excepcional en Bigorre, el recinto resultó tan atractivo que hubo que ampliarlo en varias ocasiones para acoger a una población cada vez más numerosa. Así, en el límite del primer recinto se añadió un segundo círculo, compuesto por dos hileras de casas separadas por un callejón interior y que también estaba fortificado y rodeado de foso. En el siglo XIII, Ibos se denominaba «castrum», es decir, castillo o fortaleza. En 1304 se menciona una «barbacana», una fortificación avanzada que defendía el acceso al recinto y a la iglesia. Era lo suficientemente amplia como para acoger las reuniones de la comunidad, que allí celebraba sus deliberaciones. Estas defensas fueron destruidas a partir del siglo XVI. Ibos es un caso particular en Bigorre: aunque muchas comunidades contaban con un recinto eclesiástico (Azereix, Juillan, Lagarde… por citar solo algunos pueblos vecinos), Ibos es la única que desarrolló su urbanismo a partir de dicho recinto eclesiástico.