
Esta plaza es uno de los espacios más hermosos y recogidos de la zona monumental. Desde ella se accede a la iglesia y convento de Santa Bárbara, que fue fundado en el siglo XV como beaterio en torno a una capilla dedicada a la santa y ampliado posteriormente en los siglos XVII y XVIII. Dos interesantes relieves medievales franquean la entrada. El primero, situado en la puerta exterior, es una extraordinaria representación tardogótica del juicio final, con San Miguel pesando las almas; Dios Padre entre el sol y la luna sosteniendo a cristo; Santiago apóstol acompañado por un caminante y San Francisco con un fraile completando la escena. El segundo relieve, quizás procedente del primitivo edificio, se encuentra reutilizado sobre los arcos del atrio que dan paso a la sencilla capilla del convento. Se trata de un tímpano donde aparecen las imágenes de la Virgen, Santa Catalina y Santa Bárbara.
En 1809 las tropas francesas utilizaron el convento para aposento de tropas y las monjas tuvieron que abandonarlo temporalmente. En la actualidad es habitado por una pequeña comunidad de clausura de Madres Clarisas Descalzas de Santa Bárbara.