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3ª VISUALIZACIÓN: CALLE COLÓN

3ª VISUALIZACIÓN: CALLE COLÓN

Del Evangelio según San Juan (13, 1-15)

“(…) Jesús (…) habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. (…) Sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, (…) tomando una toalla (…) se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. (…) Cuando acabó (…) les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”


Reflexión

El gran milagro de Jesús fue entregar su Cuerpo y su Sangre como alimento de vida eterna; alimento que perdura y se renueva a través de los siglos en cada una de las Eucaristías que se celebran, ininterrumpidamente, en el mundo. Es la Pascua siempre viva y eterna.

Paralelo a ello, pero al mismo tiempo formando parte del mismo todo, está su enseñanza y su mandato: su acto de entrega humilde y desinteresado y su invitación a volcarnos en el servicio a los demás.

Es el mandamiento del AMOR.

Es su testamento mediante el cual nos ofrece la vida eterna. Un nuevo servicio del Señor.

En un día como el de hoy, la imagen de nuestro Santísimo Cristo de la Victoria debería recorrer físicamente las calles de nuestra ciudad de Vigo acompañado de millares de fieles. Sería una nueva “Pascua”, un nuevo paso que este año no se puede llevar a cabo por los cuidados que debemos observar debido a la pandemia del COVID-19.

Hoy estamos haciendo su recorrido de un modo especial. La Jerusalén de Jesús es nuestra ciudad y más concretamente nuestro hogar, nuestros hogares.

Sin las distracciones que nos provocan los ruidos, las luces, la vorágine de la ciudad, hoy hagamos el recorrido con una mirada contemplativa descubriendo a Jesús, Dios hecho Hombre, no en los fríos edificios sino en las gentes que los habitan, en las personas que pasean por las calles, en quienes juegan o descansan en las plazas, porque a Jesús no lo fabricamos a nuestro antojo sino que lo vamos descubriendo, se nos va desvelando, en los gestos, las miradas, los saludos, las buenas acciones de nuestros vecinos y vecinas.

El Señor ha pasado, pasa y pasará siempre por nuestra vida, por nuestros hogares, mostrándonos el camino de la entrega desinteresada, de la caridad realmente enamorada, del servicio generoso y desinteresado en favor de nuestros hermanos y hermanas.

En estos meses de pandemia muchas personas lo han podido palpar en primera persona: sirviendo o siendo servidos. Sanitarios, servicio policial, servidores en entidades sociales, voluntariado entregado a poner su granito en bien de los demás, “lavando” las heridas ocasionadas por el virus en mujeres y hombres expuestos a la terrible enfermedad.

Desde el ámbito propio de la Iglesia no podemos sino recordar el servicio generoso de los sacerdotes y de Cáritas.

En una sociedad más frágil y vulnerable, más llena de incertidumbre que de certezas, y más aún en estos meses de pandemia, Cáritas siguió cumpliendo su misión de servicio a los pobres y desfavorecidos y de promoción de la justicia social.

Las dificultades no han detenido al personal contratado y al voluntariado de Cáritas. Con la acogida, el acompañamiento, la cercanía, la orientación laboral, la ayuda económica (alimentaria, vivienda, salud, etc.) continuaron atendiendo las necesidades básicas de aquellas familias más necesitadas de ayuda.

Es el amor que Dios pone en el corazón de toda persona el que nos grita a servir y entregar la vida por los demás, de un modo especial por más indefensos y vulnerables, porque como dice el Papa Francisco “aunque hay ciudadanos que consiguen los medios adecuados para el desarrollo de la vida personal y familiar, son muchísimos los «no ciudadanos», los «ciudadanos a medias» o los «sobrantes urbanos»”.


Oración

Enfilando la recta que nos conduce a la emblemática Porta do Sol, te damos gracias por el trabajo y el esfuerzo realizado por tantas personas que, cada una en medida de sus posibilidades, han entregado sus dones por el bien de los demás.

Te pedimos ayuda para restaurar las heridas causadas por la pandemia en el terreno de la salud, de la familia, de la economía.

Ilumina y suscita en nuestros corazones generosidad para, unidos, ayudar a recuperar la salud física y económica de las familias que, debido a la pandemia y al confinamiento, están pasando por serias dificultades de subsistencia.

Canto: “Pan de vida”


 

Technical information

Lat : 42.2385779Lng : -8.7205212
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