

Este recorrido toma su nombre de un fenómeno natural típicamente normando: el dour. Se trata de un arroyo estacional que permanece seco durante el verano y que, tras fuertes lluvias, puede transformarse repentinamente en un torrente impetuoso, semejante a un uadi normando. Su presencia imprevisible confiere a los valles una atmósfera cambiante a lo largo del año.
Los paisajes se suceden con una notable diversidad. En las zonas onduladas domina el bocage, con sus caminos hundidos, setos rurales y taludes arbolados. Después, el bosque toma el relevo con agradables tramos sombríos, entre los que destaca un magnífico hayedo cercano al pueblo. Más adelante, el paisaje se abre a suaves colinas agrícolas siempre enmarcadas por masas boscosas en el horizonte.
El patrimonio arquitectónico es igualmente generoso. Nada menos que cuatro iglesias jalonan el recorrido en Saint-Léger-du-Genetey, Bosc-Regnoult-en-Roumois y Écaquelon. Entre ellas sobresale la iglesia de Saint-Jacques, construida sobre una mota feudal y considerada una rareza arquitectónica. El manoir de la Hennière y varios edificios tradicionales de entramado de madera enriquecen aún más el itinerario. En el paraje de Les Épinays, una hermosa cochera y un palomar cuadrado forman un conjunto rural de gran autenticidad.
Con cuatro iglesias, un majestuoso hayedo y los característicos dours normandos, esta ruta ofrece una inmersión auténtica en los paisajes y tradiciones de la región.