
Entre el bocage normando y los bosques, este recorrido ondulado serpentea junto a pequeños arroyos que desembocan en el Risle, revelando hermosos paisajes arbolados y encantadoras casas de entramado de madera típicas del campo normando.
Durante siglos, el agua fue mucho más que un simple elemento decorativo en estos valles. En el siglo XIX, el arroyo de Tourville, también conocido como arroyo de Barbottes, accionaba las ruedas de una hilandería de algodón que empleaba a unas cuarenta personas. Hoy esta actividad ha desaparecido, absorbida por el paso del tiempo.
La historia artesanal de Selles también resulta sorprendente. En la década de 1830, alrededor de un centenar de tejedores trabajaban en el lugar conocido como La Girotterie, produciendo telas que se transportaban hasta los mercados de Lisieux. Esta actividad prosperó durante casi tres cuartos de siglo y desempeñó un papel importante en la economía local.
El pueblo también conserva el recuerdo de bellas historias humanas. Célestin Drou, hijo de agricultores de la zona, hizo fortuna en Le Havre antes de convertirse en accionista de la casa Cusenier en París. En 1890 legó parte de su fortuna a su municipio natal. Gracias a esta generosa donación se construyeron el ayuntamiento y la escuela en 1904, y la plaza del pueblo fue completamente remodelada, llegando incluso a trasladarse algunas viviendas.
Una caminata donde cada paso revela una comunidad que ha sabido combinar, a lo largo de los siglos, trabajo, ingenio y solidaridad.