
Este recorrido invita a cruzar entre dos orillas y dos universos: la ciudad y el campo, el patrimonio urbano y la naturaleza discreta de los valles normandos.
Partiendo del casco histórico de Pont-Audemer, el visitante se sumerge de inmediato en la atmósfera de una ciudad medieval excepcionalmente conservada. Canales, casas de entramado de madera, callejuelas sinuosas y la imponente iglesia de Saint-Ouen forman un conjunto de gran armonía. La oficina de turismo organiza visitas guiadas y recorridos nocturnos durante el verano, una experiencia que no debe perderse. El Museo Canel, abierto todo el año, completa perfectamente esta inmersión en la historia local.
Fuera de la ciudad, el sendero sigue las curvas del paisaje hasta Corneville-sur-Risle y su famosa Posada de las Campanas, cuyo célebre carillón resuena desde el siglo XIX.
La naturaleza vuelve a ocupar el protagonismo con el lavadero de Lillebec, sus manantiales y los pequeños cursos de agua cruzados mediante pasarelas, antes de llegar a Manneville-sur-Risle. Allí, la capilla de Bonnebos alberga un emotivo Museo de la Resistencia.
Un recorrido generoso donde la memoria viva y la dulzura normanda se encuentran a cada paso.