

Este recorrido revela una Normandía auténtica y preservada, donde se combinan los paisajes de bocage, el patrimonio rural y las huellas de una historia oculta.
La caminata comienza en un típico pueblo normando con casas de entramado de madera. Allí, la iglesia de San Martín vigila su cementerio bajo la sombra de un tejo milenario de tronco hueco. A este árbol excepcional se asocia una curiosa anécdota: antiguamente, el carnicero del pueblo instalaba su puesto dentro del hueco del tronco al finalizar la misa dominical.
La fuente de Val Jouen ha recuperado su antiguo lavadero, cuidadosamente restaurado y despejado. En otro tiempo prosperaba aquí un cultivo de berros, recordando la importancia que las fuentes naturales tuvieron en la alimentación y la vida cotidiana del campo normando.
El paisaje está dominado por el bocage, con sus verdes praderas, setos rurales y casas de entramado de madera que componen una escena típicamente normanda. A lo largo de las empinadas laderas del valle, el bosque se impone con fuerza, ofreciendo agradables tramos sombreados y ondulados.
El recorrido también reserva una inesperada parada histórica con los vestigios de un antiguo aeródromo alemán de la Segunda Guerra Mundial. Varios bloques de hormigón armado, aún perfectamente visibles, recuerdan de forma discreta pero impactante la ocupación de estas tierras hoy tranquilas.
Una caminata donde naturaleza, patrimonio e historia se unen para mostrar una de las facetas más auténticas de Normandía.