

Entre valles y huertos normandos, este recorrido de pronunciados desniveles ofrece una caminata dinámica, marcada por hermosos panoramas y la constante presencia del agua.
A lo largo de la ruta se abren numerosas vistas sobre los valles del Risle, del Sébec y del Tourville, recompensando ampliamente el esfuerzo de las subidas.
El agua está presente en todo momento: manantiales, pequeños arroyos que cruzan el camino y, desde el inicio, los fosos del Castillo de Tourville, que aún conservan agua y son alimentados por manantiales claramente visibles detrás del edificio.
El parque del Castillo de Tourville, construido en el siglo XIX, alberga actualmente un centro privado de formación agrícola, con una granja pedagógica y alojamiento para grupos.
Frente al ayuntamiento, una turbina recuerda el ingenio del conde de Tourville. A finales del siglo XIX instaló esta máquina, alimentada por las aguas del Sébec, para producir su propia electricidad de corriente continua. Gracias a ella, el castillo y varias casas del pueblo dispusieron de electricidad mucho antes de la llegada generalizada de la corriente alterna.
Muy cerca se encuentra el lagar comunal, reconstruido en 2008, que acoge numerosas actividades locales, entre ellas la Fiesta de la Manzana, celebrada cada octubre, una deliciosa ocasión para prolongar el placer de la excursión.