

El punto de partida marca el carácter de esta ruta: un antiguo ayuntamiento de ladrillo, los grandes establos de una finca con personalidad y una elegante casa señorial evocan un patrimonio rural discreto pero lleno de significado. El municipio nació de la unión de dos antiguas parroquias: Blacarville, situada en la meseta, y Saint-Mards, en el valle. La antigua iglesia de Saint-Mards, hoy transformada en mansión, sigue siendo testigo de esta doble identidad.
A continuación, el recorrido atraviesa paisajes de notable contraste. Durante la primera mitad de la ruta se extienden amplias llanuras agrícolas, que poco a poco dan paso a los característicos caminos hundidos del bocage normando, situados en el fondo del valle y en los bordes de la meseta. Algunos tramos de bosque caducifolio, con robles, hayas, abedules y castaños, aportan sombra y tranquilidad al paseo.
El regreso por la iglesia de Blacarville constituye uno de los momentos más destacados del recorrido. Reconstruida en el siglo XV con piedra de sílex, conserva elementos de la época románica, como sus cimientos en espina de pez y su coro del siglo XIII. Con el paso de los siglos se añadieron ventanas arqueadas de piedra y ventanas cuadradas de ladrillo, enriqueciendo su arquitectura. En el cementerio contiguo se alza un extraordinario tejo hembra de tronco hueco, cuya edad se estima entre 750 y 950 años.
Un recorrido entre la memoria y la naturaleza, sobrio en apariencia pero profundamente cautivador.